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lunes, 8 de septiembre de 2014


[ Ella quería gritarlo a los cuatro vientos. Y pensaba que quizá, si él fuera él, gritarían los dos.
Se creaban vacíos intermitentes que sólo creaban inseguridades. Y empezaba a saber que cuando uno se silencia, deja de ser. Y cuando uno deja de ser... Todo cambia. ]

Pequeñas cosas


No hace falta hacer cosas tan grandes. A veces es más sencillo de lo que crees.
Pensar más de la cuenta y darle mil vueltas a todo. ¿Para qué? 
¿Para contaminar más la esencia de lo puro?
Cuando empieces a dejar que todo fluya, a no pensar tanto en lo que pueda pasar... 

Empezarás a hacer. A sentir. Disfrutar. Y a ser feliz.
A ser uno mismo y a darte cuenta de que es mejor hablar 
de soluciones cuando sólo sea necesario.
No antes.
Porque entonces...

Te olvidas de ser.
De sentir.

Dejas de disfrutar de los momentos.
De vivir.

Hacen falta esas cosas pequeñas.
No impacientarse demasiado si lo que queremos que llegue tarda un
poquito más. Porque todo pasa por algo y el que te amoldes a ello depende sólo de ti.
La actitud. Las ganas. La paciencia. El esfuerzo. La recompensa.

Y el día que dejemos de analizar tanto todo y sepamos disfrutar... entonces... todo será 
como tenga que ser. 

Esas pequeñas cosas... que necesitamos, de vez en cuando.
Que llenan. Que ensanchan. Que enamoran.