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jueves, 27 de septiembre de 2012

Se trata de sentir, sentir a secas.




Son las 22:11 pm y en el escritorio, como de costumbre, hay un yogur que tengo que vaciar. El parpadeo es lento, sólo han pasado dos minutos y a medida que voy escribiendo hay más ceniza en este cacharro. Ni si quiera es un cenicero, es un pote de yogur de cristal y cuesta mucho apagar los cigarros ahí dentro. El minutero parece avanzar demasiado poco a poco y al parecer yo voy demasiado deprisa. Estoy desconcertada. Distraída. ¿Ausente?
 
 
Cierra los ojos. Pero siente como los cierras. Siente cómo empiezas a pensar, no tiene porque ser nada en concreto. Puedes empezar sintiendo algo que te gusta, recuerda una carícia, una mirada que te haya atrapado durante un buen rato, una sonrisa que de verdad te haya hecho sonreír a ti también. Una palabra, una frase o una canción, esa esquina, ese bar... En esa parada de metro, en el coche. Andando. Recuerda bien todo esto y todo el porvenir. Siéntelo. Siente como te recorre por dentro sin dejarte respirar, cómo te bloquea de arriba abajo. Ese chapuzón, esas cosquillas. Ese debate con un café de por medio con ellas. ¿Y qué me dices del conducir sin rumbo? ¿O de lo que llegas a disfrutar comiendo?.
Y lo que llegas a adorar a esos cinco minutos más que te das para dormir...
Retarte a tí misma. Reírte de tí misma. Dejarte llevar por la locura un día, o dos, o tres. Mentir piadosamente. Sentir el frío, que al fin y al cabo te hace sentir viva. Ese tacto, esa película que te ha hecho temblar. Los tembleques emocionales. Esas papillas mentales. Esa paz. Esa luna.
 
 
Son las 23:30 y el parpadeo a parte de lento, ya es pesante. Suena "Born To Die" de Lana del Rey y ya he escrito unas cuantas línias. Me quedo más tranquila. Es reconfortante pensar, demasiado... Y ahí va la última calada.